Tras postear nuestras intenciones de viaje en el foro, Héctor y Ana deciden convenir viaje conjunto, si bien ellos ya tenían planeado su viaje y trayecto. Decidimos replantear parcialmente el viaje y realizar las reservas oportunas.
Un resumen de los puntos de paso, que no la ruta íntegra del viaje:
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¿Que que tal el viaje?... No os lo digo, os lo cuento y juzgad por vosotros mismos.
Día 1: Nuestro viaje comienza de Jueves tarde (y bien tarde!), a eso de las 19:30 nos vemos en San Lázaro nos decidimos a aplanar la rueda. Será un día para tirar hasta Bayona y aprovechar a quitarnos unos cuantos km... Héctor y Ana están estrenan su flamante Honda Pan-European en este viaje. Las motos van inteligentemente cargadas y, en nuestro caso, según la lista genérica de San, la cual nos fue muy útil.
De camino, paramos a dar buena cuenta de 1/2 docena de corbatas en Unquera, así como cenar en Castrourdiales. En resto del tramo hasta el Etap de Bayona fue del tirón, llegando a las 2:00 am (446 km).
De este primer día no disponemos de ninguna foto, pues no hay nada reseñable que mostrar rodando por la noche en moto. La ruta fue tranquila, la carretera estuvo en todo momento despejada por lo que rodamos prácticamente solos. El agua nos respetó, pese a las predicciones.
Día 2: Comenzamos el día con un poco de humor... Cuando salimos a ver si estamos todos listos para desayunar, a alguien se le cierra la puerta y, claro, como en estos hoteles solo accedes con código a tu habitación y éste es difícil de recordar, pasa lo que pasa. Nuestro compi Héctor se exhibe en ropa de cama en el pasillo del hotel :P
Risas aparte, emprendemos nuestra ruta cuyo objetivo principal es llegar lo antes posible a Moissac, para poder ver su impresionante claustro y culturizarnos un poco. Había que tirar km por autopista, pues aún quedaban unas cuantas horas de viaje. Parada a repostar y comer alguna vianda que habíamos llevado.
Llegamos a Moissac, donde decidimos visitar el núcleo rural y decidimos hacer una visita completa a la Abadía benedictina de San Pedro.
En esta abadía vimos el que, según los franceses, es el claustro más bonito del mundo... juzgad por vosotros mismos. Todo comienza con una proyección en la que nos cuentan que vamos a encontrar, su historia, significado,... Hasta uno de ciencias como yo empezó a recordar y asimilar algo de historia. Hay que decir que Héctor y Ana en todo momento están más que puestos en la materia.
No me direis que no está guapa mi San...
Tras alimentar nuestro cerebro, continuamos hacia Saint-Chamarand para alojarnos en el que sería el sitio en el que mejor me han atendido en toda mi vida (ni tan siquiera en un 5 estrellas G.L.): Les Cedres de Lescaille.
Una vez suelto el maletaje en la habitación, nos acicalamos para ir a cenar a Gourdon, que estaba a 10 km. Una excelente cena regada de un magnífico vino por poco más de 25 € por barba en L'Orange Tree:
Día 3: Que lujo de desayuno!! qué barbaridad, no había nada que uno pudiera desear más apetitoso. Todo casero, exquisitamente presentado y la atención excepcional de Bernard y Christian. Aquí os van unas fotos antes del zafarrancho de combate!!
La jornada prometía lluvia, y llevó a cabo su promesa. No obstante, nos era transparente... Si había que ir se iba a donde fuera. Nos decidimos a visitar la "península" del pueblecito Cahors, el cual está rodeado por el río Lot. Cahors tiene un estupendo casco histórico, su bonita catedral y no menos sorprendente mercado.
Ya podía llover todo lo que quisiera, aquí el ánimo no decaía ni un segundo
Un rayo de sol, como dice la canción, de vez en cuando alegraba la vista
De la que caminamos, San me sugiere alguna especie para nuestro jardín:
Paseando, paseando llegamos al puente viejo "Pont Valentre":
De Cahors nos fuimos a la villa medieval de Saint Cirq Lapopie, donde visitamos su iglesia y subimos al excepcional mirador donde admiraríamos el valle surcado por el rio Lot:
Regresamos a las 20:00 h a Les Cedres de Lescaille, donde Christian y Bernard nos sorprenden de nuevo con su hospitalidad: una esplenda cena nos espera. Se trata de una "Casoulette", a base de alubias y embutidos que estaba de muerte. No duramos ni 15 minutos en pie tras la cena. Ese día nos duró la fase REM unas 7 u 8 horas...
Día 4: Nos lanzamos a conocer Rocamadour. Otra espectacular villa medieval con una disposición de casas y construcciones "vertiginosas". No me enrollo y directamente os dejo con las vistas y lugares que visitamos:
Mientras pensamos en la estrategia a seguir menos incómoda para "escalar" al castillo que se ve allá arriba:
decidimos descartar ciertas opciones, como subir por las escaleras por ejemplo, pues la digestión del desayuno aún estaba presente (pffff). Ojo, que conste que también descartamos subir en los ascensores.
Buscamos un término medio, por lo que decidimos dar la vuelta y subir en moto deshaciendo lo andado y haciendo un escaso kilómetro.
De la que íbamos hacia las motos, curiosos objetos nos llamaron la atención, entre los que se encuentra este "barómetro" casero:
Una vez que llegamos al castillo que corona Rocamadour, éste y las vistas no podían ser mejores:
Y sin miedo, oiga:
Cachis, lástima de cuerdas para hacer "rappel"!!
No, no estoy gritando, estoy ac*j*nando de vértigo:
Ya hecha la digestión, decidimos bajar de nuevo hasta la base del pueblo a través del impresionante Vía Crucis a los pies del castillo y del cual no tenemos foto:
nos dejamos llevar y nos disponemos al culto...
momento en que solicitamos ser bendecidos...
Por supuesto, las chicas prefieren disfrutar de las bonitas tiendas dispuestas a lo largo del pueblo, mientras los aguerridos esposos moteros decidimos sacar la lengua para ir a buscar las motos y bajar de nuevo al pueblo a buscarlas. No se hable más, ellas también sufren lo suyo yendo de paquete. "Venga Ferre", me dice Héctor, "tiramos pa'rriba"... ;)
Ojo, al dato... Tssssstt. Encontramos a los primos de Daoiz y Velarde (si, si, franceses tú). Quién nos lo iba a decir...
Podemos decir que nos despedimos y prometemos volver Rocamadour con los ojos cerrados
Una vez dejamos atrás Rocamadour, decidimos tirar a visitar Autoire y Loubressac. Así, en Autoire:
estaba todo plagado de gente, que barbaridad...
me sorprende de nuevo otro monumento a los caídos que dieron su vida por la France en la I Guerra Mundial:
Ya en Loubressac, el gentío igualmente nos desbordaba:
Algunos ya ibamos rendidos, y ya costaba hasta quitarse el casco. Por otro lado, estos de BMW son tan cómodos... jejejee ;)
De regreso a nuestro hospedaje, Héctor y Ana se posicionan delante de nosotros, momento en el que vislumbramos una extraña banda en su rueda trasera -Oye, eso no me parece un chicle y tiza por aquí no hay ;)- le decía a San cuando miraba para su rueda. Efectivamente, las lonas asomaban por el lomo izquierdo de la rueda. Esto pasa por ir tres en moto: Héctor, Ana y Murphy, que el muy cabr*n no descansa...
No obstante, el buen ánimo no nos abandona en ningún momento
En el mismo instante en el que nos percatamos de este desgaste, inmovilizamos las motocicletas y decidimos avisar a la grúa, retornar en taxi y sustituir "l'pneu" al día siguiente. Yo aprovecho para ir por mi cuenta mientras Héctor y Ana son acompañados por San en taxi. Me hago unos 80 km por una carretera impresionante, reencontrándonos todos de nuevo a eso de las 22:00.
Día 5: A primera hora Héctor contacta con diversos talleres para ver donde pueden reemplazar la rueda. Nuestro "casero" Christian nos ayuda para organizar el reemplazo. Mientras los tres pasan la mañana visitando el pueblecito y alrededores, me voy hasta Gourdon a ver si encuentro un taller que supuestamente podría recibir en el día la rueda y cambiarla. La rueda estaba en Gramat y la grúa la recogería para montarla en Gourdon.
Eso sí que no se diga que no se trabajó ese día... en el plato:
Una vez arribamos a la casa con la moto reparada a eso de las 17:30, nos despedimos, muy a nuestro pesar, de nuestros magníficos anfitriones:
Decidimos tirar entonces por la ruta más corta hasta Bellegarde, cerca de Albi, donde estaba nuestro próximo alojamiento: "La Borie Neuve". Llegamos con un poquito de agua, pero llegamos perfectamente:
Día 6: Pese a que el día amenazaba de nuevo lluvia y pese a la negrura del cielo -de hecho por allí debía estar la tierra de mordor, aunque no pude ver el ojo de Sauron ;)- nada nos amedranta, por lo que "entamamos" al centro a visitar (en mi caso re-visitar, ver [url=http://www.asomo.es/phpBB/index.php/topic,1095.msg13769.html#msg13769]Viaje a las Galias II[/url]) la Catedral gótica de Albi y lugares interesantes contiguos. Nada más llegar al casco urbano, la tromba de agua no nos dejaba ver un palmo.
En la Catedral de Albi:
¿Que llueve que llueve? La virgen de la "cueve"... Ala, a degustar... La cosa es no perder el tiempo:
Con nuestro maravilloso y superfashion paraguas multicolor, a patear:
Por desgracia, el museo Toulouse-Lautrec, el edificio que veis en el centro de la siguiente foto, estaba cerrado:
No había mucho para hacer, la mayoría de los establecimientos estaban cerrados: menos la lavandería (mecachis).
Uno ya estaba ocioso, o sea que ala, a hacer un poco el pijo, que estoy de vacaciones y me lo tengo ganado:
Cuando escampaba, aprovechamos para sacar la cámara y aprovechar a chiscar alguna foto interesante. De nuevo el museo de Toulouse-Lautrec:
Casi todas las edificaciones "antiguas" están hechas de ladrillo debido a que Albi presenta un terreno con abundancia de arcilla y ausencia de piedra. De hecho los ladrillos se elaboraban a partir de los sedimentos arcillosos que el rio transporta y depositaba.
De camino y retorno a Bellegarde, donde se haya nuestro alojamiento, decidimos comprar numerosas provisiones de todo tipo: bebida, comida, juegos de mesa...Estuvimos hasta altas horas, aberrantes para los franceses, en el salón de la casa. Como dio de sí el juego del "UNO". Recordar llevarlo si os vais de viaje alguna vez...
Día 7: El día, de nuevo lluvioso. La negrura del cielo nos acompaña, pero no nos amilana. Así pues planeamos poner rumbo ruta hacia el Viaducto de Millau (el viaducto más alto del mundo), agua por un tubo mediante. Haremos parada, al menos, en Roquefort.
Una vez cogido el pequeño desvío en la ruta hacia Roquefort, llegamos a este bonito pueblo y nos sacamos los tickets para visitar las instalaciones, funcionamiento y elaboración de estos sabrosos quesos corporativizados bajo la denominación "La Societé". Hombre, donde esté un buen cabrales o tresviso...
En la visita, como no, estaba incluida la visita a las cuevas en donde se "fraguan" los quesos... Todo perfecta y exquisitamente cuidado, tratado y presentado.
En la parte de la degustación, todos dudan de si éste o aquél... Yo no, a probar hasta reventar:
Las cuevas en las que se adentran las instalaciones están en la parte "trasera" por así decir del pueblo, creadas por el desplazamiento de un sistema de fallas natural hace muuuuucho tiempo:
Tras varias horas de tregua y con un sol estupendo arribamos a Millau en busca de su impresionante viaducto, este era un deber pendiente de mi anterior viaje.
Ejem, una pose molona de vez en cuando...
Eso sí, lanzar las fotos con el temporizador me suele llevar mi tiempo y claro, pasa lo que pasa, que me pilla corriendo a posar:
Por fin, la foto de grupo bajo el viaducto, asignatura pendiente respecto al año anterior:
Nos decidimos a subir a coger la autopista para pasar por encima. iPhone en mano esto es lo que hemos podido grabar: es un poco largo debido a que en marcha y con los guantes, la pantalla del aparato no detecta las pulsaciones, de ahí que haya tenido que ser grabada desde el punto de peaje que da acceso al viaducto. A cambio, un poquito de música de fondo para que no os estreséis:
Bueno, después de avituallarnos y comer hasta reventar, emprendemos rumbo a nuestra morada, eso sí, con diluvio universal incluido.
Día 8: Partimos de nuestra posada camino a nuestra próxima Chambre, sita en Alet les Bains...
De camino paramos en a visitar Castres, una ciudad muy bonita con, como no, su río:
Localizamos el siguiente museo que lleva el nombre de cierto pintor de época español:
Un bonito reloj de sol encima de la puerta de una vivienda del núcleo peatonal:
Cara de... ¿tranquilidad? ¿cansancio "afable"? cada uno que interprete...
Aunque pueda parecer machista, a estas señoras no se les escapaba "escaparate", :D:
No era para menos, ya que, dado que estábamos al comienzo de la Pascua, en los escaparates de algunos establecimientos se hacía alusión a este acontecer:
Finalmente, tiramos camino hacia Alet les Bains, donde nos esperaba nuestro alojamiento. Que pueblo más bonito...
Un poco de historia en este punto. Hasta el siglo XII, la abadía de Alet y el pueblo fueron un importante punto de reunión de peregrinos. En 1197 surgieron problemas de sucesión en la abadía, acrecentados por la cruzada albigense, lo que significó el fin de la prosperidad hasta el año 1318 en que se estableció la sede de un nuevo obispado creado para erradicar el catarismo asentado en la región.
Tras las guerras de religión en Francia, el punto de encuentro que significaba la población por su abadía, al ser destruida y abandonada, significó de nuevo una decadencia hasta actualmente que ha resurgido debido a sus estaciones termales (de aquí "les Bains", es decir, los baños).
Desconocía la manera de decorar y aludir a los difuntos en sus sepulcros. Nos llamó la atención la forma en que lo hacían: placas, recuerdos, homenajes,... y no, no estaban pegadas o fijadas. De allí no desaparece nada. Me llamó la atención, simplemente...
y no tenía porqué ser reciente, numerosas tumbas ya datan de casi 100 años, como esta:
Bien, el hospedaje estaba en una casa de 3 plantas bien antigua, pero mejor restaurada y cuidada. El nombre del establecimiento era "L'Escalette". De mañanita teníamos todo perfectamente ordenado y bajamos a desayunar copiosamente, nada raro en nosotros por otra parte:
Posteriormente, nos dirijimos a Rennes le Chateau. Un paréntesis y poquito de historia acerca de este pueblo (estoy en pleno curso de desasnaje). Pues resulta que desde finales de los años 70 del siglo XX, y a raíz de la publicación de un libro de Gerard de Sède, El oro de Rennes (publicado en 1967), este pueblo ha recibido gran cantidad de turismo, asociado casi siempre a lo paranormal y lo esotérico, debido a una leyenda moderna sobre el antiguo párroco Bérenger Saunière. A comienzos del siglo XXI, y gracias al éxito del libro de Dan Brown El código da Vinci, ese interés no ha hecho sino aumentar ya que el argumento de esta novela tiene numerosas conexiones con la leyenda del párroco de Rennes.
La leyenda cuenta que el párroco Bérenger Saunière (1852-1917) habría encontrado unos documentos o un tesoro secreto en uno de los pilares del altar de la iglesia mientras llevaba a cabo una reforma de la misma; cuestión que en su día corroboraron dos de los seis obreros que trabajaron en la obra, que fueron supuestos testigos, y que aún vivían en 1958.
Dos pergaminos de dudosa veracidad, que están reproducidos y expuestos en el museo del propio pueblo, serían parte del secreto que fue encontrado por Saunière. En uno de ellos se muestra el árbol genealógico de la dinastía merovingia, cuyos miembros, según algunas teorías que interpretan esta leyenda, serían descendientes de Jesús de Nazaret.
Se dice que al mismo tiempo que el cura descubrió el secreto oculto en la iglesia, su nivel de vida se disparó, y empezó a frecuentar selectos y restringidos círculos entre cuyos integrantes no faltaban miembros de la realeza europea. Los escépticos apuntan que este enriquecimiento se debía a que el padre Saunière vendía misas, haciendo caso omiso a las estrictas limitaciones de dicha actividad indicadas en el código eclesiástico; y que además solicitaba donativos para la construcción de una residencia de sacerdotes ancianos o enfermos que nunca se edificó, fondos que desvió muchas veces para su propio uso. El que sea tonto, que espabile, debió pensar él, tras dejar descendencia que luego emigraría hacia cierta alcaldía Marbellí, pero eso es una historia muy larga y que no viene a cuento...además de ser inventado, claro!
No pudimos visitar ni la iglesia ni el museo presbiterianos, de nuevo por no haber llegado en la "época" adecuada
Me llamó la atención, para variar, de nuevo esta losa con los lugareños difuntos en la I Guerra Mundial, ya que estaba dotada de sus fotografías:
En esta calle de Rennes le Chateau, es donde debió nacer la costumbre de enmarronar (es un chiste muy malo y fácil, lo se; que se le va a hacer):
Aquí, de nuevo, el que no sabía la hora es porque no quería. Aunque como sabrían si eran menos diez o y cuarto? Ahí le duele la cuestión, que diría Pazos:
De retirada ya para L'Escalette, en Alet les bains, la noche, unas copichuelas en el casino a las afueras del pueblo y el juego del "uno" nos hicieron dilatarnos de nuevo hasta tarde ("están locos estos... españoles") que diría Obelix.
Día 9: Camino a Carcassone (también llamada Carcassona): era mi asignatura pendiente de mi viaje anterior a Mónaco y la costa azul en 2009. ALguna parada técnica nos permitió visitar esta preciosa abadía y sus estancias, incluyendo como no su claustro...
Así como sus bodegas subterráneas, donde enormes barricas / tinas eran llenadas a través de las "aportaciones" de los contribuyentes a través de agujeros a nivel de calle y que estaban situados por encima de nuestras cabezas en la foto siguiente:
Curiosamente, el comedor donde los monjes almorzaban gosaba de un discreto pero acústicamente perfecto púlpito. Pudimos probar dicha acústica...
Este hombre iba para cura, ahora y solo ahora que veo la foto lo sé... ;)
Cierto artista de cuyo nombre no puedo acordarme, exponía sus pinturas y esculturas en esta estancia:
En las estancias del avade (si, no?) estaban decoradas con todo tipo de escenas sin censura que me llamaron la atención:
La pared tenía pintados todos los que por ella habían circulado...
Ya en Carcassone, aunque San parezca muy seria, estábamos encantados: buen día, mucho para ver y... un poquito de gente más de la cuenta de lo que me hubiera gustado encontrarme:
Entrada por el puente señalado en la foto:
No se aprecia muy bien, pero la calle estaba abarrotada de transeúntes que visitaban las, a mi gusto, demasiado numerosas tiendas de la ciudad amurallada:
De nuevo un poquito de historia para contextualizar las fotos: bueno, un mucho, que la ocasión lo merece... Hacia el año 800 a. C., la ciudad, situada en una colina, se convirtió en un importante centro de intercambio comercial.
Carcasona empezó a ser estratégicamente importante a partir del momento en el que los romanos fortificaron la cima de la colina, alrededor del año 100 a. C. y lo convirtieron en el centro administrativo de la colonia de Iulia Carcaso, denominada más adelante como Carcasum y Carcasso. La mayor parte de las murallas septentrionales son de esa época.
En el siglo VII, los visigodos ocuparon la ciudad y construyeron más fortificaciones que aún se conservan. Rechazaron con éxito los ataques de los francos. Los sarracenos tomaron la ciudad en el año 725 pero el rey Pipino el Breve los expulsó en el 759, cediéndolo a Bellón, mítico primer conde de Carcasona y fundador de las ramas dinásticas de las casas condales de Barcelona y otras de Occitania y descendiente de la nobleza visigoda. El condado lo heredaría en primera instancia su hijo Guisclafredo de Carcasona, en el año 810 y que murió sin descendencia. Después pasó a manos de su hermano Oliba I, que gobernó también Razes. A su muerte le sucedió su hijo Acfredo I de Carcasona.
En 1067, a través de una unión matrimonial, Carcasona pasó a ser propiedad de Raimundo Bernardo Trencavel, vizconde de Albi y de Nimes. Los siglos siguientes, los Trencavel se aliaron unas veces con los Condes de Barcelona, otras con los de Tolosa. Por ejemplo, a finales del siglo XII, el vizconde de Carcasona era feudatario del rey de Aragón, Alfonso II. Los Trencavel construyeron el castillo condal y la basílica de San Nazario.
Carcasona es famosa por su papel durante la cruzada contra los albigenses, cuando la ciudad era un feudo de los cátaros. En agosto de 1209, el ejército de los cruzados de Simón de Montfort forzó la rendición de la ciudad después de un sitio de quince días. Tomó como prisionero a Raimundo Roger Trencavel y se convirtió en el nuevo vizconde. Amplió las fortificaciones y Carcasona se convirtió en una ciudadela de la frontera entre Francia y la Corona de Aragón. En el año 1213, la batalla de Muret, ganada por Simón de Montfort contra el rey Pedro II de Aragón, marcó el preludio de la dominación de los reyes de Francia sobre Occitania.
En 1240, Ramón Trencavel II hijo de Ramón Roger Trencavel intentó reconquistar sus antiguos dominios, pero no lo consiguió siendo expulsado junto con los ciudadanos que le apoyaron en la revuelta. La ciudad pasó a estar definitivamente bajo el control del rey de Francia en 1247, cuando Ramón Trencavel II renunció formalmente a su título de vizconte entregando el sello familiar. Luis IX perdonó entonces a las gentes que secundaron la revuelta y les permitió volver a Carcasona con la condición que se quedasen en la orilla occidental del río, fundándose la parte nueva de la ciudad al pie de la colina, llamada la Ciudad Baja o Bastida de San Luis. Luis y su sucesor, Felipe III, construyeron las fortificaciones exteriores. En esa época, la fortaleza se consideraba inexpugnable. Durante la Guerra de los cien años, Eduardo, el Príncipe Negro, no consiguió tomar la fortaleza alta en el año 1355 aunque sus tropas si consiguieron tomar la ciudad baja.
En 1659, por el Tratado de los Pirineos, la provincia fronteriza del Rosellón pasó a manos de Francia y la importancia militar de Carcasona se redujo. Las fortificaciones se abandonaron y la ciudad se convirtió en un centro económico, concentrado básicamente en la industria textil.
Con su hotelito medieval y todo, no vayan a pensar Vds...
Ya para despedirnos, fotos a la entrada:
De vuelta para Alet les Bains, hicimos una parada en unas bodegas en Limoux a probar cierto vino blanco con aguja denominado Blanquell de Limoux.
Nos fuimos de cena a una crepería cerca de nuestra morada y echamos otro fantástico día más a la espalda.
Día 10: Salimos de Alet les Bains para ir a Foix, pues queríamos visitar su castillo. De nuevo, el horario nos pilló en un renuncio y no pudimos verlo -JC, anótalo para otra ocasión-, dijo San.
Tiramos camino a Lourdes, ya que esa última noche nos hospedaríamos en un Etap, concretamente en el que está al oeste de la ciudad. Lourdes me llamó la atención enormemente, tanto para bien como para mal...
Lo malo: demasiado "comercial", hipermercados eclesiásticos, la lluvia hacía estragos. Lo bueno, el precioso santuario, la fe de los asistentes, en fin, gente de todas las razas y partes...
Eso sí, cansamos de patear cargados de bártulos, pues las motos ya estaban a reventar:
Ya en el santuario:
Réplica de la "obradora":
Y finalmente, bajo la lluvia... el santuario en sí:
Tras la visita, retiramos para el hotel y en ese momento acababa nuestro viaje, pues el resto ya fue prácticamente en su totalidad autopista para llegar a casa a tiempo: era Domingo y al día corriente tocaba trabajo... a destajo.
FIN
